El artículo periodístico fue escrito por el investigador trujillano Daniel Terrones Valverde y publicado por el Diario La Industria en su edición impresa el 22 de julio de 2012.
La historia del Perro Peruano sin pelo y la labor de protección que tuvo hacia estos canes Rafael Larco Hoyle. Estirpe y tradición de un noble animal que sigue vigente.
El origen del perro peruano aún no ha sido esclarecido a plenitud. Según Claudia Gálvez, presidenta de la Asociación de Perros sin Pelo del Perú, algunos historiadores sostienen que ingresó de China por el estrecho de Behring acompañando a los primeros migrantes.
Dada su antigüedad fue representado por varias culturas preincas como la Chavín, 800 a.C., Vicus, Mochica, etc., tallándolos en huacos silbadores, vasijas, trompetas o pitos. También los comieron en actos ceremoniales por lo que muchos de ellos desaparecieron debido a esta práctica ritual. Los mochicas, entre Piura y Trujillo, lo denominaron viringo.
En una comarca liberteña un personaje andarín y fabulador contumacino relataba lo siguiente: "En Ascope, recorriendo la hacienda La Griselda, salió al encuentro del tío Lino un perrito chusco de esos ladradores con cara de malas pulgas. En el preciso instante que intentamos morderlo, le introdujo por la boca su brazo hasta llegar al rabo y le dio la vuelta al revés como si se tratara de una bolsa vacía. Así nació, según la tradición popular, el primer perro calato conocido también como perro chino".
Ejemplar fino
El perro peruano sin pelo dorado es una vertiente de estos bellos animales que se creía desaparecida. Parece que tuvieran una fina capa de pelo, pero en realidad se trata de su piel. Poseen una característica especial en su anatomía: el pecho pronunciado y una cola larga y delgada con pocos pelos en la punta.
El ilustre arqueólogo Rafael Larco Hoyle le comentaba a Clelia Lercari, criadora peruana, que: "El inca era una persona acostumbrada a estar rodeada de oro, por eso seleccionó a los perros dorados. Ellos lo acompañaban". En la hacienda Chiclin, en lo que conocimos como la 'Granja', y que en honor a la verdad fue un auténtico zoológico, recogió y protegió a un gran número de perros dorados en su afán de salvaguardar la raza. Tan loable propósito se frustró cuando se produjo la Reforma Agraria en 1970 y se expropiaron las haciendas norteñas.
Los canes perdidos
A su vez, Arturo Jiménez Borja, también historiador, cuenta que "recogió a los perros sin pelo negros del sur y los protegió en el Museo de Sitio de Pachacamac. Su criadero desapareció a su muerte y los pocos que quedaron se mezclaron con sabe Dios qué otras razas".
Actualmente los negros y los dorados están mezclados, acota Lercari, pero los genes siguen ahí, y a veces de un perro negro puede salir uno dorado.
La crianza y protección de los canes fue una constante en la vida de los Larco, pues, desde muy jóvenes se emparentaron con hermosos ejemplares traídos de diferentes partes del mundo. Fue muy común observarlos a pie, a caballo, o en sus vehículos, desplazarse acompañados de los mejores amigos del hombre, por lo que su vinculación con los perros sin pelo dorados fue una extensión de los notables virtudes de Larco Hoyle como tenaz protector del patrimonio cultural peruano.




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